El Pianista -Prólogo

Sección I :Magia

La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión, que la música sea el alimento del amor”. Kurt D. Cobain.

Marcos Cánepa cerró el piano y suspiró dichoso, como cada vez que tenía la posibilidad de brindar un concierto. Se tiró el cuello de la camisa en un habitual “tic”, ya reconocido por sus admiradores, y sonrió al numeroso público presente en el salón de fiestas del Hotel “International Sun”, ubicado en uno de los más lujosos barrios de Punta del Este, principal balneario uruguayo. La luna brillaba tanto como él, asomándose sin vergüenza a través de los amplios ventanales del lugar, en una noche calma y estrellada, señalando el comienzo de otro verano. -¡Magnifico, sin palabras!-gritaba el auditorio en una variedad de idiomas, no del todo conocidos por ese pianista de origen humilde y sencillo. Porque llegar a ese lugar privilegiado no había sido fácil para ese talentoso artista, quien criado por su madre viuda había tenido que realizar los trabajos más humildes para llegar al éxito. -“Pero valió la pena”-caviló el satisfecho pianista, esperando como en cada recital el efusivo abrazo de su hermano Tony, uno de sus más entusiastas admiradores. -¡Aquí estoy!-gritó el adolescente, corriendo hacia el músico a través del concurrido salón llevándose por delante a quien se pusiera en su camino. El infaltable chico de catorce años, quien había nacido hace catorce años con síndrome de Down, era hijo del segundo matrimonio de la madre del pianista, Mónica Altur, con Juan Carlos Candiota, un antiguo amigo de la familia, a quien Marcos quería como un padre. -¡Mi querido y entusiasta seguidor!- lo abrazó Marcos haciéndolo girar entre sus brazos, pese a que el simpático chico lo pasaba por casi una cabeza de altura. -Ya no me gires-lo miró Tony con seriedad cuando su hermano lo soltó. ¡Pronto cumpliré quince años, no soy un niño! Además, es peligroso, soy más alto que tú.

-Perdóname, pero siempre serás mi pequeño, y una de las personas que más amo en esta vida-respondió Marcos, retirándose el rebelde cerquillo que le cubría uno de sus oscuros ojos. -Lo comprendo, estás perdonado. Sé que me paseabas en el cochecito cuando era bebé–asintió Tony condescendiente del terrible delito cometido por su hermano. Ahora viene el momento de las firmas y la prensa, regresaré con nuestros padres-afirmaba como siempre el joven, incapaz de aceptar que Juan Carlos, no era el progenitor de su hermano. -“ Y yo sé que no te gusta el tumulto, pero en cuanto me los saque de arriba, nos reuniremos como siempre en mi camarín” -susurró el artista para que solo el adolescente pudiera escucharlo. -Ten cuidado –comentó Tony frunciendo el ceño -Si se tiran todos juntos, podrían lastimarte. Marcos, carcajeó, indicando a su madre y esposo que lo esperaran, y se sentó dispuesto a responder pacientemente todas las preguntas que los periodistas le hicieran. A un costado, su representante, Maximiliano Costa, hizo un leve gesto con la cabeza, y cientos de flashes y preguntas comenzaron a bombardear al prestigioso músico. De pronto, Marcos sintió una llamarada ardiente sobre su piel, reconociendo el mismo fuego que lo había hecho temblar durante todo el concierto. Mirando fugazmente hacia un costado, localizó a la persona que había logrado producir ese extraño efecto en su persona: Leonardo Brum, el famoso columnista y fotógrafo de uno de los periódicos artísticos más importantes del país: “Amanecer de estrellas”. El hombre aprovechó el breve segundo en que sus ojos chocaron con los de Marcos, para sacar una primera plana al rostro del artista, tratando de reflejar en la foto, todo el encanto y la magia que este reflejaba. Alguien distrajo a Marcos al tomar uno de sus codos, y cuando volvió a mirar hacia el sitio donde hace unos segundos estaba el periodista, notó que había desaparecido. Desilusionado por su repentina partida, sonrió por última vez a sus admiradores, dirigiéndose inmediatamente junto su familia. -“Estoy seguro de que era Leonardo Brum, pero no comprendo. Van dos veces que viene a mis conciertos, saca algunas fotos y desaparece. Y ni siquiera las publica en ninguna de sus columnas “reflexionaba el joven realizando el trayecto que lo llevaría una vez más, junto a sus seres queridos.

Capítulo I

-Gracia por esperarme, como siempre-sonrió Marcos al entrar a su decorado camerín.Saber que mi familia, está aquí, al firme, me da ánimo para tocar cada día mejor. -¡Jamás te fallaríamos, hijo mío!-Amamos escucharte, tienes un don maravilloso en tus manos, esa esperanza y dulzura que nos haces sentir cuando tocas solo puede provenir tu corazón. Eres un ser noble y eso, se refleja en tu música. Marcos iba a responder, cuando una desconocida voz surgió desde la puerta. -Eso también pienso yo, Marcos es el pianista del siglo, nadie tiene ese “hechizo “en sus dedos. Realmente es único-comentó el recién llegado. -Tú eres…-tartamudeó el artista palideciendo por la emoción. -Buenas noches. Disculpen mi intromisión, Soy Leonardo Brum, reportero y fotógrafo del periódico “Amanecer de estrellas” y hace ya varios meses que estoy siguiendo a Marcos. Finalmente, hoy decidí que era momento de realizarle un reportaje y algunas fotos para mi revista. -Vaya que eres poco humilde-levantó las cejas el pianista recomponiéndose de inmediato. Y me alegro que me hayas considerado lo suficientemente bueno para incluirme, aunque sea, en el final de una página. Pero lamento avisarte que no es necesario, no necesito tu publicidad ni nada que provenga de alguien como tú-lo enfrentó Marcos, cortando a la risa del engreído hombre. -Mejor nos vamos -tosió Juan Carlos al escuchar la creciente discusión. -No es necesario-afirmó Marcos. El señor ya se va. -Creo que te estás equivocando. Una palabra mía y serás una estrella, o arderás en el infierno más absoluto. -Quizá me guste el fuego-susurró Marcos clavando sus ojos color miel en la calculadora mirada del reportero. Será mejor que vuelvas en otra oportunidad, como ves, este es un momento familiar, si eres capaz de captar lo que estoy insinuando... -Sí salgo por esa puerta no regresaré jamás, y soy el trampolín más seguro para los jóvenes que quieren alcanzar el éxito. -Vuelves a equivocarte .No soy ni tan joven, ni me desvelo por el éxito. Amo lo que hago y me da para vivir, nada más. Nunca precisé a la prensa-sonrió evocando cuando tocaba su gastado órgano por las calles hasta que su representante, Maximiliano Costa, lo descubrió en una plaza. -Como gustes, pero creo que te estás apresurando -comenzó a retirarse Leonardo tratando de esconder su indignación. -¡Espera!-exclamó Marcos deteniéndolo. -¿Sí?-sonrió el fotógrafo presintiendo una victoria. -Quiero que te deshagas de todas las fotos que me sacaste sin mi autorización, no tengo ganas de gastar dinero en abogados. -No te preocupes, las destruiré en cuanto llegue a casa-se marchó el hombre enfurecido por la insistente arrogancia del joven. -Creo que fuiste muy duro- -exclamó Juan Carlos sin distinguir la desilusión que brillaba en los ojos de su hijastro. Marcos fue a responder, cuando Maximiliano entró sorpresivamente tomándose la cabeza con las manos. -¿Puede ser que quien vi salir de aquí fuera el famoso reportero Leonardo Brum? ¡Parecía furioso! Perdón, familia, buenas noches. -Nos íbamos –respondió Mónica. Ustedes tienen mucho que conversar y Tony entra temprano en la escuela. -¡Quiero ir con Marcos!-sollozó el adolescente. -Mañana tienes clase y tu hermano trabajo. Despídete, pronto lo visitaremos. -Adiós, campeón-lo besó el aludido Este fin de semana debo tocar demasiado lejos, pero el próximo finde seré todo tuyo. -Iremos a ver los lobos marinos -sonrió Tony demostrando el profundo amor que sentía por su hermano. -Y les daremos de comer-asintió Marcos. -Choque esos cinco-levantó la mano el adolescente ilusionado por la próxima salida. -Adiós a todos-se despidió Juan Carlos acercándose a la puerta. -Llámenme en cuanto lleguen a Montevideo, así quedo tranquilo-insistió Marcos. - Por supuesto .Hasta pronto, hijo- le sopló un beso su madre antes de salir. -Buen retorno – agregó Maximiliano amablemente .Ahora dime, ¿cómo se te ocurrió desperdiciar tal oportunidad? ¡Es el principal accionista de uno de los mejores diarios artísticos del país! ¡Cuántos hubieran querido estar en tu lugar! -Me dio asco, es un creído, sobrador…lo siento mucho-levantó los brazos sintiendo por primera vez que se había equivocado al echar a Leonardo. -Ahora ya está, pero si alguien desea hacerte alguna vez un reportaje, mejor dile que debe hablar conmigo antes, por las dudas-insistió Maximiliano moviendo graciosamente los bigotes. -Lo prometo, no volverá a pasar. -MMMMM .Bien, me voy, ¿te llevo hasta tu hotel? -Prefiero caminar, la noche es hermosa y me encanta escuchar el ruido de las olas, su murmullo es fuente de inspiración. -¡Qué romántico! No es raro que te llame el “Pianista del amor” -JAJAJAJAJ-.Eso porque no me han visto enojado. -Descansa. Adiós entonces, debo apresarme .Catalina, me esperaba en “Arcadio” para cenar a las veintidós, y ahora que veo mi reloj, ya me pasé media hora-suspiró refiriéndose a su esposa. -Dale mis saludos, y nos veremos en alguna oportunidad. -Eso me dices siempre, pero nunca vienes a casa. Sabes cuánto te quiere mi familia. -Luego del próximo concierto iré con Tony, promesa –levantó Marcos graciosamente la mano. -Hecho. En quince días cumplo sesenta años, y serás mi concertista principal, o el único-lo señaló el representante con el dedo índice observando fugazmente la hora. -Estaré al firme, y te prepararé un repertorio inimaginable que te hará quedar como un Rey. -¡Más te vale locuelo!- salió el apresurado hombre. Marcos sonrió, y tras ponerse su ligera chaqueta se encaminó decidido hacia la costa con la idea de pasear un rato... Las estrellas brillaban con fuerza en el vertiginoso cielo, mientras la suave brisa se enredaba en sus largos rizos castaños. Sin dudar, caminó las cinco cuadras desde el hotel hasta la rambla, sentándose sobre un alto muro, para apreciar el brillo de la ciudad sobre las tranquilas aguas oceánicas -Bellísimo. Imposible de describir-susurró sin notar al hombre que se acomodaba su lado. -Tanto como tú. -Perdón, ¿Quién es…? ¡Tú aquí!-gritó furioso. ¡Cómo te atreviste a seguirme! -Lo siento, no fue mi intención. Me quedé en el auto rumiando mi fracaso ti, cuando te vi dirigirte hacia este sitio, tan frágil, delicado, ensimismado en tus sueños… -Y decidiste que sería una presa fácil-musitó Marcos levantándose para regresar a su hotel. -No, decidí que mi corazón jamás había temblado tanto como hoy, cuando me rechazaste. Es verdad que te he sacado cientos de fotos, pero jamás pensé en publicarlas, sencillamente y por un incomprensible motivo, las guardé para recordarte en mis solitarias noches. -¿Solitarias? ¡Te he visto en tapas de revista acompañado de los jóvenes más bellos y excitantes! - Por lo menos me conoces, pero debes saber que eso no significa nada. Desde que salí del closet años atrás, me dediqué a disfrutar como jamás lo había hecho en mi adolescencia, pero la primera vez que te vi en un concierto, rodeado de tu familia…algo cambió. Debí comprender que eras diferente…Siento que tengas una pésima imagen de mi persona, pero tal vez podamos empezar de nuevo. Soy Leonardo Brum, periodista y fotógrafo del “Amanecer de Estrellas” y me gustaría entrevistarte, o más bien conocerte más a fondo que la mayoría de la gente. -Soy Marcos Cánepa, concertista, y será un placer-apretó la mano que el hombre le ofrecía, mientras volvía a sentarse, tratando de ignorar el extraño cosquilleo que hacia su estómago. La luna había recorrido medio cielo, cuando Marcos decidió mirar los mensajes de su celular. -“Llegamos bien .Abrazos. -Perdón, me distraje y recién descubro el whatsap. Imagino que ya están durmiendo. -“Es verdad, salvo yo. Te quiero .Tony. -Te amo también, pero deja la televisión y acuéstate. Además de revisar los celulares de los demás.. -¿Eres vidente? -Puede ser, obedece, o no habrá lobos marinos -UFFFFFFF-finalizó su querido hermano” -Disculpa, era mi hermano Tony, el chico que viste conmigo. De cualquier forma, es hora de regresar al hotel. Mañana tengo ensayo temprano, y por la noche otro concierto en Maldonado. Gracias por disculparte-se despidió Marcos. -Es muy tarde, tengo el auto allí enfrente, sería un placer llevarte hasta tu hospedaje. -No quiero molestar, además me gusta deambular bajo el cielo estrellado. -Por favor… suplicó Leonardo. -Está bien-suspiró Marcos conmovido por la calidez de esos ojos tan oscuros como su amada noche. Acepto. Marcos se acomodó en el moderno vehículo y luego de dar el nombre del hospedaje, se enmarcó en un profundo silencio. -Hemos llegado- musitó el periodista deteniéndose a unos metros de la puerta a principal.- Y cómo te dije, me gustará volver a verte, digo, fuera del ámbito profesional. -Pensarás que soy una loca si te invito pasar la noche conmigo-confesó el pianista asombrándose de sus propias palabras. -Pensarás lo mismo de mí, si acepto- respondió besándolo con fiereza. Segundos después, los hombres entraron a la habitación de Marcos, dando rienda al incomprensible deseo que consumía a sus cuerpos. Desnudos, cayeron sobre la amplia cama, amándose con lujuria, una y otra vez, sin que la pasión dejara de bullir ni por un instante. Finalmente, la paz pareció calmar sus ardorosos cuerpos, y piel con piel, lograron dormirse. El sol brillaba con fuerza cuando Marcos abrió sus ojos y extendió su brazo hacia el costado del lecho, sintiendo un profundo dolor al encontrarlo vacío. -Se fue, obtuvo lo que deseaba y retornó a su vida habitual. ¡Fui un tonto al pensar que sería algo diferente para alguien tan requerido como Leonardo! Pero no puedo quejarme, yo lo invité, como una tonta prostituta... Solo queda guardar esta noche en mi corazón, como una de las mejores de mi vida-suspiró dirigiéndose a la ducha, lamentando tener que borrar de su cuerpo el aroma que había dejado el hombre. Apenas terminaba de bañarse, cuando el timbre del cuarto comenzó a sonar abruptamente. -Debe ser Maxi, estará extrañado de que no lo llamé-abrió la puerta envuelto en su fina bata. -¿El Señor Marcos Cánepa?-preguntó el botones. -Es verdad-asintió frunciendo el ceño. -Trajeron esto para usted-hizo un gesto mientras otros jóvenes entraron con un enorme cantidad de rosas que alcanzan a cubrir media habitación. -¿Dónde las ubicamos? -Por todos lados–sonrió Marcos estirando la mano para recibir la carta que las acompañaba. -“Tuve que irme, pero te llamo más tarde. Eres lo mejor que me pasó en la vida. Leonardo. Una vez los empleados acomodaron todos los ramos, cerró la puerta, dejándose caer sobre el lecho, a la vez que acunaba el papel sobre su corazón. -“También tú, Leonardo, también tú”-suspiró acariciando con los ojos el maravilloso presente que parecía alfombrar el cuarto.