¿Quién puede imaginarse que en una playa desierta vas a encontrar el amor de tu vida? Ni en el más loco de tus sueños puedes imaginar una cosa tan disparatada. El trabajólico empresario Fabián Molina tampoco lo creía posible, cuando decidió buscar un sitio tranquilo para recuperarse de su problema cardiaco.
-Debes descansar, mucho sol y paz -había recomendado su médico de cabecera.
Y tal como el profesional había ordenado, Fabián alquiló una casa en una solitaria playa, alejada de cualquier centro urbano importante.
-Volveré a casa totalmente recuperado –cerró sus ojos en la cómoda reposera, esperando una vez más la puesta de sol, sin imaginar que Cupido, le tenía preparado otros planes.
-¿Por qué me molestas? Ve en busca de otro cliente-rezongó Fabián cuando el vendedor de artesanías Lázaro Ansureño se detuvo a su lado.
-No hay más nadie –Por eso me acerque a ti, ahora, ¿podrías comprarme algo?-insistió el joven “Te miraré de reojo y tú no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos”-añadió Lázaro sin dejar responder al incauto turista.
-¿El Principito?-preguntó este contemplando la simpática mirada de Lázaro.
-Exacto, ¿lo has leído?
-Hace mucho, cuando era un niño-respondió mientras el artesano apoyaba sus cosas en la arena y se sentaba a su lado como si lo conociera desde siempre.

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