Alejo se encontraba reconociendo el nuevo Conservatorio Musical donde cursaría su beca cuando el sonido de una extraordinaria voz lo dejó paralizado. Sintiéndose conmovido por la maravillosa melodía, decidió seguir su camino, tratando de ubicar al dueño de tan maravilloso don.
Estaba por rendirse cuando en una alejada habitación, se chocó con un joven que cantaba ensimismado acompañado de su guitarra.
-Hola- saludó el sorprendido artista.
-Hola. Lamento haberte asustado, pero no pude evitar detenerme. ¡Eres Impresionante!-titubeó Alejo.
-¿Te refieres a la voz o a mi persona?-sonrió pícaramente el adolescente apoyando su instrumento sobre el alfombrado suelo.
- A los dos-afirmó este. Por cierto, no me he presentado Soy Alejo Sarteri.
-Mucho gusto. Mi nombre es David Garín. Un gusto conocerte-acotó clavando su clara mirada sobre los rasgados ojos de su nuevo amigo.
-Créeme, el placer es todo mío. Debo debo irme, pero salgo a la veintiuna del salón dos. Quizá podrías pasar a buscarme para continuar esta plática -susurró Alejo esperanzado.
-Me gustaría .Pero espera solo un minuto antes de marchar. Deseo que escuches esta melodía y me brindes tu opinión, porque esta vez, mi música, sonará por ti.
-Será un honor –aceptó Alejo sentándose en un mullido sillón, mientras Cupido sonreía detrás de las cuerdas del delicado instrumento.
-Hoy llegaré un poco tarde a clase, pero ¿quién puede resistirse a la llamada del amor?-suspiró Alejo dispuesto a saborear los próximos acordes.