La boda.

Charly había decidido quedarse a dormir con su madre la noche previa a la boda. Generalmente no era supersticioso, pero con todo lo acontecido desde que se había ennoviado con Thomas tenía miedo que surgiera algún otro obstáculo si no cumplía esa premisa.
-Siempre ocurren “cosas”-sonrió su madre admirando el elegante aspecto de su hijo con el smoking blanco que había elegido para la ocasión.
-Pero no quiero tentar a la suerte. Además, tú me llevas al altar, así que saldremos juntos.
-Es un honor para mí, querido .y ahora descansemos un rato. El peluquero llegará a las seis de la mañana para hacerte ese extraño moño con el cual te encaprichaste.
-No creo que pueda dormir, ¿Qué tal si Thomas llega tarde? ¿O se arrepiente en el último segundo?
-Déjate de tonterías, tengo que reposar ocho horas para estar bella. Quizá sea hora de que yo también encuentre un nuevo candidato.
-Espero tengas razón- titubeó el joven retirándose al dormitorio que ocupaba cuando vivía en la casa.
A las diez de la mañana un nervioso Thomas esperaba en la puerta del salón “Zafiro” junto a su hijo.
-¿Por qué no ha llegado Charly? El juez estará aquí en unos minutos -refunfuñaba observando a los amigos y familiares que se iban acomodando en las sillas extendidas por los decorados jardines.
-Estás muy lindo querido-lo saludó la Señora Milred que había llegado acompañada de otro vecino. Desde que los vi la primera vez, presentí que se casarían.
-Es usted muy amable –agradeció Thomas con una inclinación de cabeza.
-La música comenzó-exclamó de pronto Ronaldo. Vamos, Charly entrará en cualquier momento.
-Era hora -se agitó el hombre apoyándose en su bastón, para dirigirse junto a su hijo al sitio en que los esperaba el magistrado.
Thomas se arregló su smoking azul y se dio vuelta a le escuchar los murmullos de los invitados, sonriendo de orgullo al ver a su novio entrando del brazo de su madre.
-Ese moño te queda espectacular-susurró levemente en el oído de Charly en cuanto este se detuvo a su lado. Y ni hablemos del traje.
-Es muy incómodo. Ya estoy imaginado el momento en que lo harás trizas en nuestra luna de miel.
-Caramba, si alguien te oye pensará que soy una bestia-sonrió Thomas.
-Y bien, caballeros, si ya han terminado de secretear, daremos comienzo a la ceremonia -acotó el sonriente juez.
-Perdón -susurró Thomas avergonzado.
-Señor Thomas Mill, ¿acepta como su legítimo esposo a Charly Bone?
-Acepto-respondió ante la atenta mirada de su novio.
-Señor Charly Bone,¿acepta como legitimo esposo a Thomas Mill?
-Por supuesto-exclamó el joven.
-Alcanza con un sí-carcajeó el juez. Entonces, cumpliendo con los preceptos jurídicos del país y la potestad que me ha conferido el Estado, los declaro legalmente casados.
-Bravo, al fin-exclamó Charly suscitando una vez más las risas y aplausos de los presentes. ¡Que comience las fiesta!- acotó besando inmediatamente al novio que parecía no querer soltarlo.
Las estrellas titilaban con firmeza guiando al matrimonio por la suave arena de Piriápolis. Habían decidido pasar su luna de miel en ese paradisíaco lugar, lejos de multitudes y escándalos.
-Estuve mirando casas, y leyendo los formularios para adopción-comentó Charly sorpresivamente.
-No has perdido el tiempo, Charly Bone –suspiró Thomas observando el estrellado cielo.
-Sabes que soy muy ansioso-se disculpó levantando los hombros.
-Perfectamente –agregó .Pero creí que querías hijos de nuestra propia sangre.
- Lo pensé mejor .Hay muchos niños en este mundo que necesitan unos buenos padres como nosotros. ¿Qué opinas?
-Lo que tú digas está bien -asintió Thomas dejando caer su bastón al suelo.
-Espera, te lo alcanzo-acotó amablemente su esposo.
-Déjalo, ya no lo necesito.
-Pensé que todavía te costaba caminar-añadió Charly confundido.
-Quizá. Pero progresaré rápidamente contigo a mi lado .Tú serás mi apoyo en esta vida, y yo seré el tuyo, si estás de acuerdo-se detuvo el hombre frente a Charly para mirarle directamente los brillantes ojos.
-Nunca oí mejor propuesta-asintió este besándolo con pasión.
-No soy de muchas palabras, por lo tanto toma esta estrofa como mis votos matrimoniales.
-También los míos-concordó Charly.
-Continuemos un poco más. La noche esta hermosa-comentó Thomas tomándose del brazo de su esposo.
-Excelente. ¿Te conté cuánto amo el mar?-preguntó Charly.
-Puede ser, pero me gustaría escucharlo otra vez.
-Muy bien. Desde niño gustaba sentarme en la orilla, pensando….comenzó el joven a narrar su historia, mientras el susurro de las olas parecía entonar una dulce melodía de amor.
Lentamente, sus figuras se mezclaron con el oscuro cielo hasta desparecer en la noche, aunque sus huellas permanecían marcadas en la arena, indicando que habían pasado allí.
Y Dios mediante, repetirían ese trayecto por mucho tiempo más. Seguramente, toda la eternidad.