Prólogo
Otro domingo más. Horacio
Año 2015

“Otro domingo más siguiendo el mismo recorrido que solíamos compartir juntos, y que hoy no tengo más remedio que realizar en soledad. Cinco tristes años han pasado desde tu partida, en los cuales ni un solo día he dejado de pensar en ti. Nada ni nadie han logrado distraerme, te sigo amando de la misma forma que durante nuestra corta pero intensa relación. Sí, porque apenas te descubrí en aquel amplio salón rodeado de esos niños que tanto quisiste y que tanto te quisieron comprendí que nunca habría otra persona para mí.
Prometiste que con el tiempo sería más fácil, que aprendería a vivir sin ti. Que estarías esperándome en cada uno de los lugares que recorrimos juntos, y tu voz me alegraría mezclada con el viento de primavera… Que tus ojos color ámbar brillarían entre las doradas hojas de otoño. Juraste que el verano traería tu perfume, y el invierno me acercaría un poco a más los momentos que caminábamos abrazados poniendo como excusa el impresionante frio.
Y me aseguraste, que debía estar preparado, pues algún día, encontraría a otra persona que despertaría nuevamente a mi corazón .La realidad es que fingí creerte, pero sabía que esto último era imposible.
Querido Fabrizio, debes saber que lo intenté con todas mis fuerzas, más no lo logré. Jamás pude volver a enamorarme. Ninguno de los hombres que conocí tenía tu mirada, tu risa, tu dulzura, tus ganas de vivir. Ninguno de ellos era como tú.
¡Qué injusta fue a la vida al ofrecernos tan poco tiempo para disfrutarnos! Si, ya sé lo que vas a decirme. Debo ser agradecido y aplaudir la suerte que tuvimos de conocernos y amarnos sin medida, sin límites. ¡Hay tantas personas que pasan solas por la vida sin encontrar la felicidad!
Pero no puedo hacerlo, yo no tengo tu bondad ni tu paciencia. Y solo vivo esperando el momento de encontrarnos para reunirnos en el cielo, o donde sea… Te amé demasiado para conformarme con menos.
Está oscureciendo y el viento comienza a soplar, será mejor que regrese a la casa que compartimos y en la cual fuimos tan felices. Pese a todo lo ocurrido, no pude dejarla, guarda demasiados hermosos recuerdos como para irme a otro lugar.
Debo apurarme, las horas corren velozmente y mañana temprano debo retomar mis actividades en el Hogar donde me desempeño como trabajador social, el mismo lugar en el cual nos encontramos por primera vez. Algo más para agradecerte: Hiciste de un joven perdido una persona honorable al contagiarle tu amor por aprender y salir adelante por el camino correcto. ¿Cómo pretendes que te olvide?
El próximo domingo cumplirías treinta años, ocho años más que mis veintidós actuales. Una excusa memorable que te impidió declarar tu amor hasta que transcurrieron varios meses de encontrarnos, porque yo, solo tenía diecisiete cuando nos conocimos ¡Todavía revive mi alma el cumpleaños número dieciocho, ¡cómo no hacerlo, sí se convirtió en el mejor de mi vida! Ese día, y especialmente esa noche…fueron imborrables en mi corazón. Nos amamos con toda la pasión de la juventud, una y otra vez, hasta que la última estrella decidió marchar.
Jamás dejaré de amarte, pues con tu bondad y dulzura te encargaste de hacerlo imposible.
Otro domingo más, y me parece verte….aquí a mi lado. Muy pronto la brisa nocturna te hará llegar esta carta que prometí escribirte cada vez que me sintiera nostálgico hasta que llegara el mágico momento de reunirnos otra vez. Y espero que tú la recibas tal como me aseguraste. Así será, hasta el día en que vengas a buscarme para llevarme contigo, y continuar esta historia que no tiene final.
Te amo y esperaré siempre.
Horacio”