Podía decirse que el cardiólogo Aníbal León tenía una vida relativamente común y corriente al igual que la mayoría de sus colegas. Padre de dos hijos adolescentes fruto de su primer y único matrimonio con Malena Maceratino, solía transcurrir su rutinaria existencia entre reuniones familiares y el trabajo que tanto amaba.
Todo parecía estar en orden, hasta aquella tormentosa madrugada, en la cual Aníbal se despertó sorpresivamente como consecuencia de una fuerte opresión en el pecho.
-“Me estoy quedando sin aire, debo estar sufriendo un ataque al corazón” -exclamó sentándose rápidamente en la cama con la idea de llamar a su esposa.
Estaba listo para pedir ayuda, cuando los extraños síntomas se fueron tan rápidamente como habían llegado.
-Es claro que esto no fue ningún tipo de ataque, ¿pero que me sucedió? Tal vez deba ver un psiquiatra, puede haber sido algún pico de estrés -meditaba dirigiéndose hacia el living para sentarse en su sillón favorito.
Abriendo la ventana para que entrara aire, se acomodó en el lugar y cerró los ojos, quedando profundamente dormido.
-Aníbal, despierta, por favor, ¿Qué haces durmiendo aquí? ¡No sabes el susto que me pegué al no encontrarte en la cama!-exclamó Malena desesperada.
-Estoy bien. Pero creo que debemos conversar, no podemos seguir de esta forma -murmuró con la mirada perdida en un punto lejano.
-No comprendo de que hablas. Llamaré a un médico.
-Yo lo soy,¿recuerdas?. Malena, este matrimonio ha sido una farsa. No te amo, nunca te amé-afirmó mientras su esposa se sostenía de un aparador para no caer desmayada.