Una de mis grandes pasiones en la vida es escribir versos de amor. Amor a las personas, a los animales, las plantas, a los astros, en fin, a todas aquellas maravillas que la naturaleza nos ha obsequiado para nuestro puro deleite. Sin olvidar, por supuesto al mismo amor.
Y me encontraba en esta reflexión entre poética y filosófica cuando la vi solitaria, hermosa, quizá tan pensativa como yo. Con su vestido de fiesta aun cuando había llegado el amanecer, quizá una cenicienta cansada o esperando a un príncipe que nunca llegó.
O tan solo una flor enamorada observando las bellezas del amanecer.
En ese mismo momento, supe que tenía que hacerla mía eternamente, y no encontré mejor forma, que a través de este humilde poemario donde quedaría por siempre resguardada su pureza.
Vayan entonces estas estrofas por amor a esa rosa que sin egoísmo, supo acrecentar la hermosura de un mágico jardín: El de mi corazón.
Espero que lo disfruten al igual que yo al escribirlo.