Siglo XXI, cambalache…

Estamos en un siglo en el cual las transformaciones se han sucedido de una forma tan vertiginosa como pocas veces se ha visto en la historia de la humanidad.
La era de las nuevas tecnologías, de la informática, de la robótica, de los viajes espaciales…
Sin embargo, pese a tantos maravillosos descubrimientos, bastó un segundo para que una de las peores epidemias surgidas hasta el momento, avanzara con una fuerza inusitada por todo el planeta dejando a la humanidad casi hecha trizas.
Con seguridad, este flagelo burlón e invencible, aprovechó el descuido de seres humanos distraídos y jactanciosos, que hasta fueron capaces de olvidar su condición efímera en este planeta.
Quizá, es hora de dar un paso atrás para comprender que existen otras cosas mucho más valiosas que las materiales, y que en nuestro afán de “superación” hemos dejado atrás, como por ejemplo el amor, y junto a él la poesía.
Con seguridad, algunos lectores se preguntarán que puede hacer este sentimiento para vencer a una enfermedad que ni las mejores medicinas conocidas hasta el momento han logrado frenar.
Respuesta difícil. Pero tal vez si, hubiésemos dedicado más tiempo a amarnos, así como a admirar el maravilloso mundo que nos rodea; si hubiésemos frenado a tiempo nuestras ansias de poder; si nos hubiésemos dado un profundo baño de humildad ante cada triunfo conseguido, no hubiésemos dejado esa hendidura abierta, permitiendo que este y otros tantos males nos avasallaran.
Ojalá todavía haya tiempo para enmendar este error, y los habitantes de este planeta, logren comprender que lo más valioso de este mundo es una vida repleta de amor y de poesía, y sin ellos, todo lo demás carece de valor.
Dedico este poemario a todos aquellos que luchan por la concientización de las sociedades en la búsqueda de un mundo mejor, más solidario, más comprensivo…
Esperemos que esta terrible experiencia que estamos viviendo sirva realmente para fomentar más cambios, pero esto vez, en el sentido correcto…